La performance no es solo un acto de creación, sino de transformación. Lo que comenzó como una imposibilidad se convirtió en una nueva forma de expresión, donde cada pisada es un trazo y cada movimiento, una decisión en el instante. La pintura deja de ser un gesto controlado por las manos para convertirse en un diálogo con el cuerpo, con el espacio, con la música que envuelve el momento.

Es un arte que nace de la adaptación, del deseo inquebrantable de seguir creando cuando parecía que ya no era posible por un accidente en las manos. En cada improvisación, en cada contacto del pie con el lienzo, está la memoria de la lucha contra la impotencia y la celebración de un nuevo lenguaje. La música no es solo un acompañamiento; es la corriente que guía, que empuja, que permite que el gesto sea puro, espontáneo, libre.

El cuerpo ya no solo ejecuta la pintura, sino que se convierte en parte de ella. No es una imagen preconcebida, sino un acto de entrega al instante, a la emoción del momento. La huella que se deja en el lienzo es incluso una metáfora de todo ello. Es resistencia, es redescubrimiento, es la prueba de que el arte siempre encuentra una forma de manifestarse.

Madrid, 2025

Museo de las Vizcaínas, Ciudad de México

La pulquería, Ciudad de México

59 Rivoli, Paris

Misericordia, Madrid

Performance para la ACB, Plaza Pompidou, Málaga